La demencia no afecta a todas las personas por igual. A nivel mundial, los países de ingresos bajos y medios cargan con un impacto mucho mayor, y dentro de ellos, las mujeres mayores enfrentan más riesgo que los hombres. Esta investigación, publicada en la revista Nature Aging, destaca que no solo influyen factores biológicos, sino también las condiciones sociales, económicas, culturales y ambientales en las que las personas viven a lo largo de su vida. Aspectos como el estrés, la desigualdad, el acceso a educación y salud, y el entorno donde se crece pueden aumentar o reducir el riesgo de desarrollar demencia en la vejez.
El estudio propone una nueva forma de investigar este problema, uniendo la neurociencia con la realidad social de las poblaciones, para entender cómo se combinan las enfermedades con contextos de vulnerabilidad. Este enfoque ayuda a ver el cerebro no de forma aislada, sino como parte de una historia de vida y de un entorno. Uno de los autores es el PhD. Joshua Harper, de UCOM, cuya contribución se centra en cómo aprovechar de manera eficaz y ética la tecnología, el aprendizaje automático y la inteligencia artificial para apoyar el modelo de sindemias, aportando a un enfoque global más justo e inclusivo para comprender y prevenir la demencia.